Cuando Susan Sontag escribió «Sobre la fotografía», no hablaba de megapíxeles ni de algoritmos. Hablaba de la carga atómica que puede tener un solo frame. Hoy, nos han vendido la mentira inversa: nos inundan con mil imágenes que no valen ni media palabra.

Vivimos en la era de la obesidad visual. Estamos rodeados de impactos en redes, televisión y vallas publicitarias, pero nos han dejado huérfanos de herramientas. En el colegio te enseñaron a leer y escribir, te enseñaron solfeo, te enseñaron a analizar un texto… pero, ¿quién te enseñó a leer una imagen? Nadie. Nos han dejado solos frente al lenguaje más potente del mundo. Consumimos visualmente de forma pasiva, como quien respira humo sin darse cuenta.

El disparo es el último segundo de un proceso de años.

Cuando miro por el visor, el obturador es lo de menos. Lo que realmente compone la imagen no es el sensor de la cámara, es todo lo que llevo dentro: Es el último disco que escuché y las experiencias que me han roto o me han reconstruido. Son los libros que he leído. Es la luz de esa película que se me quedó grabada en el hipotálamo. Son las conversaciones que he tenido. Los errores que he cometido.

La intención fotográfica no se compra en una tienda de cámaras. Se cultiva. Cada vez que disparo, estoy volcando mi biografía en ese encuadre. Por eso, mi trabajo no es «hacer fotos», es filtrar la realidad a través de una cultura visual crítica.

Seamos duros con la mirada.

Tenemos que recuperar el espíritu crítico. Como creador, me niego a producir ruido. Como consumidor, deberías negarte a tragarlo. Una imagen con intención es un acto de resistencia. Hoy en día escribes un prompt y ya tienes la imagen que quieras, pero esa imagen sin duda no tendrá nada de ti. Y cuando llegue el día en que sí lo tenga, si es que llega, más nos vale entender la imagen como lenguaje.

Si no sabes leer lo que ves, estás a merced de quien lo diseña. Mi compromiso es que cada frame que entregue tenga una razón de ser, una raíz profunda y una honestidad brutal. No dispares si no tienes nada que decir. No mires si no estás dispuesto a cuestionar. Si le regalas un libro a una persona que no sabe leer ¿crees que lo disfrutará? Y voy más allá. Si llega el día en que nadie sabe leer ese libro ¿eso lo convierte en un mal libro solo porque la gente no sabe apreciarlo?

Disclaimer: Sí. Las imágenes que ilustran esta entrada las ha hecho la IA

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *